El mafioso de origen siciliano. Un hombre grande, trajeado, canoso y con sombrero. Una persona fría, silenciosa y con la mirada vacía, que no teme apretar el gatillo de su FIE Titan de calibre 25.Así es el mafioso que todos tenemos en la cabeza y que en gran parte nos muestra “Una historia del Bronx”. Sin embargo, Soni tiene corazón, porque el mafioso no nace, sino que se hace. En lo más hondo de su alma sigue siendo una persona que haría cualquier cosa por las personas que quiere.
Es increíble la forma en la que muestra esto la película de esta semana. La relación que tienen Soni y el protagonista es muy especial. Aunque es una relación muy fraternal, en ningún momento vemos a Soni capaz de querer tanto a una persona. De hecho a veces parece que siente más necesidad que aprecio por él. Parece que para Soni el niño es como su billete de entrada al cielo. Una forma de poder morir tranquilo sabiendo que lo ha cuidado y no le ha dejado ir por el mismo camino por el que fue él.
Por último, el tema racial. Aunque está en un plano secundario resulta imprescindible en la película. El ambiente de trifulca entre las dos razas y la música de los afroamericanos le da ese toque especial que remata la película. Desde luego, Robert De Niro y "Una historia del Bornx" no son "un talento malgastado".
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